viernes, 22 de octubre de 2010

Monumentos Naturales de Venezuela

En un principio, fue la luz y de ella el territorio que pobló de materia todo el Universo. Sobre la litosfera de aquel planeta de los suburbios de la Vía Láctea comenzó a sembrarse la vida, sobre un hogar cambiante que en muchas oportunidades sometió al inquilino viviente a pruebas terribles de extinción masiva, mientras sus estratos y lechos rocosos narraban el desafío de un planeta por ser lo que antes nada había sido.
Así se formó la Tierra y en ella un territorio muy particular que nos revela un relato geológico proveniente de muchas partes diferentes, para formar un mosaico de registros del cual hoy, quienes lo habitamos, podemos dar cuenta de su increíble historia de sucesos que fueron creando anécdotas vivas en su trazado, que permanecen desconocidas para la gran mayoría de nosotros. Me refiero al territorio venezolano como contexto y a los asombrosos monumentos naturales que presenta, cuya historia y recorrido vale la pena recorrer para descubrir los cambios que vivenció el Paraíso.

MONUMENTOS NATURALES DE VENEZUELA 

 




 

Son 36 los monumentos naturales de Venezuela. Constituyen el expediente de nuestras propias maravillas que aportamos a las del resto del mundo y que no le van en zaga a ninguna de ellas.Entre esas gemas irrepetibles, se encuentran los tepuyes, que deberían ser conocidos por cada uno de los venezolanos porque allí tenemos abierto el libro del Globo para relatarnos de viva fuente la historia de su formación.

En el Precámbrico del Planeta, en su más largo período geológico, entre los 4600 millones de años y 563 millones de años antes de nuestra era, el macizo guayanés emergió como la primera cabeza de playa de un nuevo mundo. El rugido basáltico estremeció el caldo magmático y colocó en la superficie esos accidentes maravillosos y únicos que son los tepuyes, la referencia más antigua de la Tierra primitiva que abarcan 1.069.820 hectáreas de bosques donde se alzan magníficas sus formaciones montañosas características con sus cumbres planas y escarpes verticales.

Los tepuyes son formas residuales del Macizo de las Guayanas, constituido por areniscas, cuarcitas y granitos con intrusiones de rocas diabásicas.En sus cumbres y en sus laderas se han desarrollado ecosistemas con especies endémicas, es decir, que son el único lugar en todo el Planeta donde existen.

De alguna forma, tiene sentido que Sir Arthur Conan Doyle, célebre autor del inefable personaje Sherlock Holmes, haya escrito una novela a comienzos del siglo pasado, “El Mundo Perdido” que refiere a este lugar mágico como escenario para vivenciar la vida que se creyó extinta.La frontera prevista para el encuentro con el pasado carbonífero es el mayor de todos los tepuyes, el Roraima, La madre de todas las aguas, siendo que desde su cima caen numerosas cascadas de agua, las cuales son la fuente de los ríos Orinoco, Esequibo y Amazonas.

En el estado de Bolívar son doce las formaciones de tepuy protegidas como monumento natural, mientras que en el estado de Amazonas se han seleccionado trece. Los criterios para su elección fueron la configuración, la belleza paisajística y su abundante biodiversidad, como la que se cuenta en el Auyantepui, la gran roca de la cual se desprende el Salto Ángel, el de mayor altura del mundo.

En Bolívar, igualmente contamos con el Monumento Natural Cerro Venamo, el Monumento Natural Cerro Guaiquinima y el Monumento Natural Cerro Ichúm – Guanococo.

Cabe destacar, asimismo que en el estado Bolívar, en la zona en reclamación se encuentra el área de los espléndidos tepuyes orientales, donde cabe mencionar el Uei Tepuy (2.150 m), el Kukenan Tepuy (2.650 m), el Yuruani Tepuy (2.400 m), el Karaurín Tepuy (2.500 m) y el Ilú Tepuy (2.700 m),así como el Monumento Natural Cerro Ichúm – Guanococo.

Entre tanto, en el Amazonas, encontramos tambien otra montaña sagrada: El Cerro Autana, conocido como el Árbol de la Vida para los aborígenes, el lugar donde todo fue creado, conteniendo cuevas y grutas interconectadas y un salón muy grande con un techo en forma de cúpula que tiene distintos colores por la distinta composición de los minerales que la forman. Cruzarlo significa ser testigo de excepción de la grandeza de nuestros monumentos naturales, auténticos santuarios que conforman el útero del mundo que apreciamos y la cuna del origen de las especies que conocemos.

En este recuento de nuestros monumentos naturales cabe mencionar la roca ígnea intrusita de 400 mts de altura que denominamos Piedra del Cocuy, auténticamente un hito fronterizo entre Venezuela, Brasil y Colombia.

Una serie de monumentos naturales de gran belleza recorren la geografía amazónica, conformados por arenisca con presencia de lagos, cascadas y ríos subterráneos, el tipo de plataforma natural que da sustento a la mayor concentración de agua dulce del mundo, la cual permite el funcionamiento del pulmón del planeta que hace posible la vida en su superficie. Entre ellos podemos dar cuenta de los Monumentos Naturales Sierra Maigualida, Cerro Yaví, Serranía Yutaje Coro-Coro, Cerro Guanay, Cerro Camaní, Cerro Morrocoy, Macizo Cuao-Sipapo, Cerro Moriche, Macizo Parú-Euaja, Cerros Vinilla – Aratitiyope,l Sierra Unturan,Cerro Tamacuari – Serranía Tapirapecó, Piedra la Tortuga y Piedra Pintada.

Otros monumentos naturales más visitados por encontrarse más próximos a los centros urbanos, nos apuntan a hitos de nuestra geografía e historia cercanos, pero igualmente desconocidos para la gran mayoría. Nos referimos al Monumento Natural Alejandro de Humboldt, conocido como la Cueva del Guácharo (zona montañosa de Monagas con una superficie de 1,81 Km2), cuyos hábitos causaran el mayor asombro del naturalista alemán, padre de las primeras descripciones de nuestros biomas.

Igual asombro y curiosidad por estudiar los accidentes geográficos causaron los Morros de San Juan en la mirada y pensamiento de Arístides Rojas ,nuestro científico viajero de rutas e indagaciones por excelencia en nuestra cultura ,cuando colocó en evidencia la naturaleza basáltica de los grandes promontorios que dominan el paisaje del Monumento Natural que lleva su nombre, con elevaciones en forma de sierra dentada, cuevas de pequeño desarrollo, fauna cavernícola, gramíneas y restos de bosques deciduos con 27,75 Km2.

No podía faltar en esta cita limitada por el.espacio, una muy deferente alusión al Monumento Natural Cerro María Lionza, macizo montañoso de bosques vírgenes, asientos de mitos y leyendas folklóricas, sede del culto a la diosa aborigen.
De igual manera, en la predominantemente árida península de Paraguaná, se levanta una asombrosa elevación única, la del Cerro Santa Ana, con vegetación seudo paramera y fauna variada.

Por su parte, la Laguna de Las Marites en Nueva Esparta, nos deja ver en sus albuferas, cauces naturales, manglares y ambientes xerofíticos, la formación biogeológica de la isla de Margarita.

Y en lo que respecta a la zona metropolitana de la Capital de la República, la Cueva Alfredo Jahn nos relata con sus estalactitas y estalagmitas, los cursos de aguas subterráneas que participaron cual artesanos en la hechura del Valle que hoy reconocemos. Nuestros monumentos naturales bien pueden constituirse en las grandes referencias para el auténtico aprendizaje de las maravillas de nuestro territorio.

José Gerardo Guarisma Álvarez

FUENTE: El Siglo.com