Durante la mañana, a media noche, y aun cuando no creamos estar pensando en ello, ahí está aquello por lo que nos preocupamos. La preocupación es una fuerza destructiva que nunca ayuda a resolver problemas, sino que añade tensión y a menudo obstaculiza la facultad para hallar soluciones. ¡La ansiedad no es algo que está dentro del plan de Dios para nuestra vida!